Es una certeza afirmar que en los últimos años los criterios ESG (environmental, social and governance) han tenido un gran impacto en cómo entendemos los negocios.
Actualmente, clientes e inversores esperan que las grandes empresas pongan sus objetivos más allá de los dividendos: la sociedad apuesta por negocios sostenibles, que demuestren un fuerte compromiso con la sociedad y su entorno.
Sin embargo, no todos los criterios ESG han tenido el mismo protagonismo desde que esta corriente se hizo presente en los Órganos de Administración.
Según distintos análisis las empresas destinan aproximadamente el 80% de su presupuesto en sostenibilidad a iniciativas medioambientales, y además el 70% de los informes que realizan incluyen métricas detalladas sobre los impactos medioambientales, pero menos del 30% abordan cuáles son sus impactos sociales, siendo el elemento más residual entre los criterios ESG.
Y pese que el medio ambiente o el buen gobierno son elementos muy importantes, también debemos cuidar a las personas, que es la vertiente social de la sostenibilidad.
Las empresas se deben esforzar por impactar positivamente en la sociedad, respetando los Derechos Humanos y promoviendo la igualdad e inclusión en el lugar de trabajo, a través de un análisis a nivel interno (los que tienen un interés directo, como los trabajadores) y a nivel externo (los clientes, la cadena de valor o la sociedad en general).
Integrar estos aspectos sociales puede parecer un gasto a corto plazo, pero con confianza y paciencia se obtienen grandes resultados: una mejor marca y reputación, empleados más comprometidos, clientes más satisfechos, mejor posicionamiento frente los inversores…
Además, el futuro marco regulatorio no olvida los aspectos sociales. Ejemplos de ello son la Directiva CSRD, la Directiva CSDDD o la Ley de representación paritaria, las cuáles incluirán importantes obligaciones en materia social y de aplicación paulatina (algunas ya exigibles desde este mismo año), y que podrán acarrear severas sanciones en caso de incumplimiento.
La realidad es que la importancia de la vertiente social es equivalente al buen gobierno y el cuidado del medio ambiente, y los beneficios que puede otorgar el cuidado de las personas merece la atención suficiente de todas aquellas empresas que creen en un modelo de negocio más allá de buscar únicamente el incremento de los dividendos.
En nuestra opinión, una buena manera de cubrir la “S”, por lo que respecta a los aspectos sociales/laborales, al menos para las empresas, sucursales o centros de trabajo que operan es España, es la de implantar un estándar normativo sociolaboral UNE 19604. Con ello, la organización desarrollará a nivel interno un sistema de gestión dirigido a asegurar el cumplimiento de las principales obligaciones de carácter sociolaboral, tanto internamente, como frente a los diferentes grupo de interés.
